Hola a todos y a todas, no sabéis lo feliz que estoy al poder escribir de nuevo, siento haberme ausentado durante tanto tiempo pero tenía cosas muy importantes que hacer. Fui a visitar a la Niña Candela, y cuando ví que estaba tan malita, llamé al Pájaro Azul Turquesa, para que me llevara en sus alas a casa del Duende de las Hierbas de Colores. Después de pasar por tormentas rosadas, moradas y amarillas, llegamos a la casita del duende. La casita del duende es una seta de color naranja como el vestido de Candela con una puertecita de color verde y unos lunares en el tejado de color morado. Llamamos con mucho cuidado a la puerta pues el duende es muy sensible y los ruidos no le gustan. Al abrirse la puerta nos salieron a recibir unas notas musicales muy bonitas y de muchos colores, nos envolvieron en su pentagrama de líneas de seda y de repente unas manos muy pequeñas tocaron el pentagrama y el Pájaro Azul Turquesa y yo, nos transformamos del mismo tamaño que el duende, y de esa manera el duende amigo nos invitó a pasar a su casita naranja.
Le explicamos lo que le pasaba a la Niña Candela, no podía soñar y se encontraba muy mal, le dijimos lo preocupados que estábamos todos en la escuela y que los niños y las niñas no podían esperar más días sin ver a Candela y que estaban dispuestos a cruzar bosques y bosques para ir buscar a todos los duendes para que hicieran una magia especial y curar a la Niña Candela. Al ver el cariño que todos sentíamos por Candela y sobre todo al contarle cosas de los niños y las niñas de nuestra escuela, se puso una capa dorada con estrellas y lunas, salimos al bosque y empezó a llamar con diferentes sonidos a sus amigas las hierbas, algunas volaban, otras daban saltos y otras venían en las alas de pajaritos diminutos con picos de diferentes colores y formas. Había hierbas de todos los colores, de todas las formas, con diferentes sonidos, con colores que brillaban como estrellas y lunas haciendo dibujos mágicos.
Jamás hubiera podido imaginar, que existían hierbas tan maravillosas, de las hojas de las hierbas salían besos de todos los colores y todas se iban metiendo en diferentes bolsitas, unas eran de seda, otras de lino otras de tela de cristales, otras eran doradas, plateadas y con formas de estrellas. El Duende, después de cerrar las bolsas con unas palabras mágicas, las puso sobre una luna de plata con ojos azules pero muy tristes y con una lágrima de estrella, en la mejilla, parecía que estaba dormida en el estanque de las rosas-rosas rosada, nos quedamos un rato mirándola y enseguida descubrimos por un mechón de pelo morado que tenía en sus manos que era la Luna de Plata de Candela , su gran amiga. El Pájaro Azul Turquesa, al verla tan triste se le cayó una lagrimita azul y arrancándose una pluma de sus alas, con sus patas construyó una guitarra azul y empezó a sonar la canción que Antonio compuso para Candela, Los dos, aunque emocionados, cantamos la canción y la luna empezó a subir y a subir, empezó a sonreír y el Duende de las Hierbas, nos envolvió de nuevo en el pentagrama y nos subió a la Luna, despidiéndose con notas musicales que salían de sus dedos y de sus cabellos rizados, al mismo tiempo que el Pajaro Azul Turquesa y yo nos convertíamos a nuestro tamaño natural , que aunque no es muy grande si es algo más que el del duende. La luna cada vez volaba más deprisa, las hierbas de colores también empezaron a cantar la canción y no paramos de cantar hasta que llegamos al lugar donde estaba “La Niña de los Sueños” que había dejado de soñar. La Luna iba feliz, porque había recuperado la canción de Candela y volábamos al ritmo de la canción, para llevar a Candela las hierbas mágicas que el duende había preparado para ella.
Pronto llegamos a la casa de Lola Corazón de Amapola, y la Luna bajó un momento para que nuestra amiga Lola pudiera subir también a la Luna. Ella nos contó que había visto al Investigador pero que no sabía si habría llegado a la casa de nuestra niña Candela. Al pasar por un valle, lo vimos sentado al lado de su maletín de investigador y pensativo, rodeado de amigos diminutos, unos duende, amigos de Candela que le estaban indicando el camino que tenía que seguir, pues parecía que estaba un poco perdido por el bosque. La Luna al verlo bajó de nuevo y extendió sus brazos para que pudiera subir, él no podía creer lo que le estaba sucediendo, ahora viajaba en brazos de la luna. Abrió su maletín, se colocó sus gafas de cristales mágicos de diamantes, y cuando a nuestro amigo el Pájaro Azul Turquesa, a Lola Corazón de Amapola y a Rosalin, no pudo contener la emoción, se le escapó una lágrima que fue a caer justo en la lágrima de la luna y las dos se fundieron convirtiéndose en una estrella con unos rayos de luz tan largos que llegaron antes que nosotros a la habitación de Candela
En ese momento Candela notó el calor suave de los rayos de la estrella , las bolsitas de las hierbas empezaron a correr por los rayos de la estrellas hasta llegar a Candela, para actuar sobre su enfermedad antes de llegar nosotros, con el calor de los rayos y los olores de las hierbas comenzó de nuevo a soñar, y cuando llegamos todos a su casa nos sentamos a su alrededor y con la guitarra azul y las notas musicales de colores que salían de ella, cantamos de nuevo la Canción de Candela. Como siempre al oír su canción empezó a despertarse, al principio no nos veía pues los rayos de la estrella, todavía la deslumbraban, la estrella se paró al lado de Candela y con un sonido de puntas de estrella nos animaba a seguir cantando. Candela al vernos se levantó con toda la energía que la estrella y las hierbas le habían transmitido y nos abrazó a todos, totalmente recuperada. Nos prometió que después de hacer el viaje hasta la casita del duende en brazos de la luna, para darle las gracias por curar a su amiga y a ella, de todas las pesadillas y devolverle los sueños maravillosos, vendría a la fiesta de la escuela para pasar un día maravilloso entre sus amigos y amigas, los niños y las niñas mayores y familias. Lola, el Investigador y yo nos subimos a las alas del Pájaro Azul Turquesa, para venir a la escuela y preparar la fiesta de fin de curso y el recibimiento de Candela y su amiga la Luna con la alegría que ellas se merecen.
Los niños y niñas están preparando sus mejores bailes para Candela, con la ayuda de sus educadores y educadoras., porque saben que después de esta fiesta, Candela se irá a conocer otros niños y niñas, otros educadores y educadoras, otras familias, pero sin olvidarse de sus amigos y amigas de la Plazuela, en los que ha dejado su magia de colores y sueños para siempre
¡GRACIAS NIÑA CANDELA!
Ahora comprendéis que haya tardado tanto en aparecer, pues todo esto lo he contado en unas líneas pero lo he vivido durante muchos días.
Besos de duende para los que aprenden
Besos de hierbas para las personas buenas
Besos de luna para que no enfermeis de manera alguna.
Besos de turquesas para las que son como princesas
Besos de tules para los que son como príncipes azules
¡FELIZ FIESTA DE FIN DE CURSO !
Le explicamos lo que le pasaba a la Niña Candela, no podía soñar y se encontraba muy mal, le dijimos lo preocupados que estábamos todos en la escuela y que los niños y las niñas no podían esperar más días sin ver a Candela y que estaban dispuestos a cruzar bosques y bosques para ir buscar a todos los duendes para que hicieran una magia especial y curar a la Niña Candela. Al ver el cariño que todos sentíamos por Candela y sobre todo al contarle cosas de los niños y las niñas de nuestra escuela, se puso una capa dorada con estrellas y lunas, salimos al bosque y empezó a llamar con diferentes sonidos a sus amigas las hierbas, algunas volaban, otras daban saltos y otras venían en las alas de pajaritos diminutos con picos de diferentes colores y formas. Había hierbas de todos los colores, de todas las formas, con diferentes sonidos, con colores que brillaban como estrellas y lunas haciendo dibujos mágicos.
Jamás hubiera podido imaginar, que existían hierbas tan maravillosas, de las hojas de las hierbas salían besos de todos los colores y todas se iban metiendo en diferentes bolsitas, unas eran de seda, otras de lino otras de tela de cristales, otras eran doradas, plateadas y con formas de estrellas. El Duende, después de cerrar las bolsas con unas palabras mágicas, las puso sobre una luna de plata con ojos azules pero muy tristes y con una lágrima de estrella, en la mejilla, parecía que estaba dormida en el estanque de las rosas-rosas rosada, nos quedamos un rato mirándola y enseguida descubrimos por un mechón de pelo morado que tenía en sus manos que era la Luna de Plata de Candela , su gran amiga. El Pájaro Azul Turquesa, al verla tan triste se le cayó una lagrimita azul y arrancándose una pluma de sus alas, con sus patas construyó una guitarra azul y empezó a sonar la canción que Antonio compuso para Candela, Los dos, aunque emocionados, cantamos la canción y la luna empezó a subir y a subir, empezó a sonreír y el Duende de las Hierbas, nos envolvió de nuevo en el pentagrama y nos subió a la Luna, despidiéndose con notas musicales que salían de sus dedos y de sus cabellos rizados, al mismo tiempo que el Pajaro Azul Turquesa y yo nos convertíamos a nuestro tamaño natural , que aunque no es muy grande si es algo más que el del duende. La luna cada vez volaba más deprisa, las hierbas de colores también empezaron a cantar la canción y no paramos de cantar hasta que llegamos al lugar donde estaba “La Niña de los Sueños” que había dejado de soñar. La Luna iba feliz, porque había recuperado la canción de Candela y volábamos al ritmo de la canción, para llevar a Candela las hierbas mágicas que el duende había preparado para ella.
Pronto llegamos a la casa de Lola Corazón de Amapola, y la Luna bajó un momento para que nuestra amiga Lola pudiera subir también a la Luna. Ella nos contó que había visto al Investigador pero que no sabía si habría llegado a la casa de nuestra niña Candela. Al pasar por un valle, lo vimos sentado al lado de su maletín de investigador y pensativo, rodeado de amigos diminutos, unos duende, amigos de Candela que le estaban indicando el camino que tenía que seguir, pues parecía que estaba un poco perdido por el bosque. La Luna al verlo bajó de nuevo y extendió sus brazos para que pudiera subir, él no podía creer lo que le estaba sucediendo, ahora viajaba en brazos de la luna. Abrió su maletín, se colocó sus gafas de cristales mágicos de diamantes, y cuando a nuestro amigo el Pájaro Azul Turquesa, a Lola Corazón de Amapola y a Rosalin, no pudo contener la emoción, se le escapó una lágrima que fue a caer justo en la lágrima de la luna y las dos se fundieron convirtiéndose en una estrella con unos rayos de luz tan largos que llegaron antes que nosotros a la habitación de Candela
En ese momento Candela notó el calor suave de los rayos de la estrella , las bolsitas de las hierbas empezaron a correr por los rayos de la estrellas hasta llegar a Candela, para actuar sobre su enfermedad antes de llegar nosotros, con el calor de los rayos y los olores de las hierbas comenzó de nuevo a soñar, y cuando llegamos todos a su casa nos sentamos a su alrededor y con la guitarra azul y las notas musicales de colores que salían de ella, cantamos de nuevo la Canción de Candela. Como siempre al oír su canción empezó a despertarse, al principio no nos veía pues los rayos de la estrella, todavía la deslumbraban, la estrella se paró al lado de Candela y con un sonido de puntas de estrella nos animaba a seguir cantando. Candela al vernos se levantó con toda la energía que la estrella y las hierbas le habían transmitido y nos abrazó a todos, totalmente recuperada. Nos prometió que después de hacer el viaje hasta la casita del duende en brazos de la luna, para darle las gracias por curar a su amiga y a ella, de todas las pesadillas y devolverle los sueños maravillosos, vendría a la fiesta de la escuela para pasar un día maravilloso entre sus amigos y amigas, los niños y las niñas mayores y familias. Lola, el Investigador y yo nos subimos a las alas del Pájaro Azul Turquesa, para venir a la escuela y preparar la fiesta de fin de curso y el recibimiento de Candela y su amiga la Luna con la alegría que ellas se merecen.
Los niños y niñas están preparando sus mejores bailes para Candela, con la ayuda de sus educadores y educadoras., porque saben que después de esta fiesta, Candela se irá a conocer otros niños y niñas, otros educadores y educadoras, otras familias, pero sin olvidarse de sus amigos y amigas de la Plazuela, en los que ha dejado su magia de colores y sueños para siempre
¡GRACIAS NIÑA CANDELA!
Ahora comprendéis que haya tardado tanto en aparecer, pues todo esto lo he contado en unas líneas pero lo he vivido durante muchos días.
Besos de duende para los que aprenden
Besos de hierbas para las personas buenas
Besos de luna para que no enfermeis de manera alguna.
Besos de turquesas para las que son como princesas
Besos de tules para los que son como príncipes azules
¡FELIZ FIESTA DE FIN DE CURSO !
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