viernes, 8 de febrero de 2008

La casa de sus sueños ( DIARIO de CANDELA )

Hola de nuevo, soy el investigaor que ando tras la pista de conocer más detalles de nuestra amiga Candela. Pues bien .... una mañana me puse a pasear por el sendero del río AzulImperio y tras un largo paseo, de pronto, entre las yedras, las madreselvas y los rosales silvestres, pude ver una casita de madera pintada de muchos colores y en la cancela el nombre de tan original casita; se llamaba LA CASA DE SUS SUEÑOS. Este nombre me sorprendió y me intrigó tanto que llamé a la puerta y ¡ oh ! la puerta se abrió sola!. La casa estaba llena de cuadros, cuentos y una foto de Candela sentada en la luna, ¡ claro ! era una de las casitas donde Candela a veces tomaba sus infusiones de geranio y cardamomo. Allí encontré una maleta muy-muy grande. Sentí tanta curiosidad que la abrí y.......¿ Quereís que os cuente, lo que contenía la maleta ?.
Pues bien, encontré nada más y nada menos que el famoso DIARIO DE CANDELA. Cogí una manta de cuadros escoceses que tenía pintado dos perritos ingleses y me senté en el viejo suelo de madera a leer el Diario.
En este Diario, Candela nos cuenta algunos de los lugares más mágicos que ha visitado y nos narra divertidas aventuras que allí vivió.

Os lo voy a relatar con la emoción de haber encontrado un Diario tan especial como fantástico, increible y lleno de sensaciones, colores y música.

En primer lugar: aparece EL PAIS DE LOS SIETE BOSQUES. Candela relata que aquí todo es de un verde intenso, los árboles tenían hojas que iban del verde claro al verde pardo, el agua de las cascadas era verdeturquesa, las casas estaban pintadas de verdesierra, en este país sólo se comían frutas y verduras de color verde ( manzanas verdes, peras verdes, melones, espinacas, acelgas, judías......). A Candela le gustaba visitar los siete bosques por que en cada huerto comía estos deliciosos frutos verdes. Lo que más le gustaba a la niña Candela era hablar y jugar con los VERDIS-VERDIS, los pequeños duendes que habitaban este mágico País.

Estos simpáticos duendecillos dedicaban la mayor parte de su tiempo a recoger hojas frescas para luego batirlas con unas enormes poleas verdes y poder sacar la clorofila que depositaban en unos cuencos de barro para regalarla a todos y todas los que formamos parte de nuestro planeta para que nuestros dientes siempre estén blancos.

En segundo lugar: Candela nos detalla en su Diario una ALDEA a la que le encanta ir; LA ALDEA DE LOS ALMENDROS. Es una aldea a la que sólo se puede acceder por caminos llenos de hileras de almendros. Los que viven en esta peculiar aldea para llegar a la Pradera, al Circo, al Castillo de los Juegos, a la Estación de ferrocarril o al Invernadero, tenían sus claves secretas. El conductor del autobús tenía varias opciones, si era invierno y las ramas de los almendros estaban llenas de nieve tenía que girar a la izquierda. Si era otoño y las hojas de los almendros estaban en el suelo había que girar alrededor del centro. Si era primavera y las ramas de los almendros rebosaban de flores blancas y rosas el conductor con una enorme sonrisa giraba a la derecha. Y si los almendros tenían en sus copas rizos de oro por los destellos del sol el conductor ponía alas de algodón al autobús y surcaba el cielo con suavidad y ternura. Todo este laberinto le encantaba a Candela.

En esta aldea vivían los ALMENDRUQUITOS y las ALMENDRUQUITAS, unos geniales pintores y pintoras de repostería, que en todos sus dulces ponían un almendro de chocolate, fresa y azúcar de caña. Lo que más les gustaba hacer eran tartas, pasteles,buñuelos, hojaldres con muchas almendras. Todos estos riquississimos dulces los regalaban y distribuian por todo el mundo a los niños y niñas que cumplían años.

En tercer lugar: la pipireta Candela ha escrito en este coqueto Diario sobre su viaje a LAS PLAYAS DE LAS MADREPERLAS. Le gusta viajar a estas playas en los cálidos meses de verano, son playas con un agua cristalina en las que Candela se baña y juega con los peces multicolores, con su tortuga verde y en su máquina de los sueños guarda todas las conchas y conchitas que encuentra y también las graciosas caracolas que recoge.

Por las noches se tumba en la fina arena y mirando la luna se duerme escuchando las olas del mar que le cantan una nana que sólo Candela conoce y que la hace seguir viajando y conociendo otros mundos.

Espero que este nuevo descubrimiento os haya gustado, ahora voy a dejar la maleta donde la encontré, cerraré la puerta de la casita de Candela y seguiré buscando con ojos atentos por si encuentro más historias de Candela.

Besos de mora para los que nos dan la hora.
Besos de pirata para los que nos dan la lata.
¡Hasta otro día!.
Tito.

1 comentario:

Lola Amapola dijo...

¡¡¡No te creas que nunca vas a ser descubierto!!! algún día dejarás una pista, o cometerá un fallo, que te descubrirá, y entonces.............no tendrás mas remedio que llevarnos contigo, a esos lugares tan bonitos y encantadores que visitas tú solo.
¿no te parece egoísta, hacer esos descubrimientos tan maravillosos tú solo? ¿no sabes que hay que compartir? ¿Tú no has ido a la escuela La Plazuela, donde enseñan esas cosas?.
Bueno, no te confíes, te sigo la pista y algún día, cuando menos te lo esperes, allí estaré, y te pillaré con las manos en la masa, y..........si no quieres que se lo diga a Candela, cuando te haya descubierto, tendrás que dejar que te acompañe.
En tus investigaciones, lleva bien abiertos los ojos, porque puedo estar detrás tuyo............