Hola de nuevo!. Como ya le dije a nuestra Rosalín, he seguido investigando. Os vais a quedar de piedra y con los ojos como platos, ¡he conocido a la familia de Candela!. Pero voy a empezar por el principio. Me encontraba en la sima del volcán Candelobotón, siguiendo el sendero de los musgos blancos y los tréboles de 44 hojas cuando de pronto! entre la niebla divise una casa que me llamó la atención por sus bonitos colores: tenía la chimenea de un color rojo intenso y por ella salía un aromático humo color malva, las rejas del jardín era de color blanco igual que las burbujas de los refrescos de nata, el tejado verde bizantino y lo que más me llamó la atención fue la fuente del jardín que estaba rematada con una tortuga que me resultaba muy familiar. ¿Dónde he visto yo esa tortuga antes?. ¡Ya sé!. Es la que siempre lleva Candela en sus viajes.
Me apresuré a llamar a la puerta y mi sorpresa fue enorme al encontrarme en el arco de entrada la foto de Candela.
Me abrió la puerta el Sr. Loren; era muy alto y se presentó como el padre de Candela, vestía con un traje de color rojo-anaranjado y tonos amarillos, llevaba unos tirantes de un amarillo intenso y tenía un sombrero en forma de farol con soles que giraban cada vez que se reía. Me invitó a entrar y presentarme a toda la FAMILIA. ¡Acepté encantado!.
Me dijo que era pintor, me enseñó algunos cuadros, también me resultaron familiares aquellas pinturas, hasta que me di cuenta que eran las mismas que están en la entrada de la Plazuela.
Luego conocí a la Sra. Selena-Celeste, la mamá de Candela; era blanca como la luna, vestía una túnica del mismo color que su carita y tenía pendientes de estrellas a juego con un collar. Me contó que era contadora de luceros y compositora de nanas.
Me fueron también presentados sus abuelos, el Sr. Cutukú, vestía de maquinista de tren y me contó sus 3.333 viajes por todo el Universo; era a cada cual más fascinante. Su abuela, la Sra. Florispetundia era una dama con aires de escritora atlántica, me contó que escribía desde hacía años y que a veces ayuda a su nieta Candela a escribir en el blog de La Plazuela.
Conocí a su prima Tilda, llevaba puesto un tutú rosa de avestruz y no dejaba de bailar suaves melodías de las obras más clásicas.
Y por último, me presentaron a sus tíos: su tía Mariola era la más divertida, no paraba de hablar, llevaba puesto un delantal lleno de botones de todos los colores con formas de magdalenas, y su tío Paráclito me contó que su pasatiempo favorito era inventar máquinas mágicas (entre otras inventó la máquina de los sueños de Candela).
Más tarde me invitaron a saborear unos riquísimos helados de dulce leche mientras hojeábamos los álbumes de fotos de Candela.
Hice todo lo posible por esperar a la niña Candela pero estaba invitada a ser pregonera en la fiesta de San Isidro de La Plazuela y tardaría varios días en volver. Espero que la próxima vez pueda encontrarme por fin con Candela.
Me despedí de la cariñosa familia con el ritual de los besos volados (consiste en mandar con la mano izquierda tres besos con forma de corazón por el perfumado aire del bosque del musgo blanco).
Besos de Somormujo para los Cuscujos y los que toman infusiones de escaramujo.
Besos de bombillas para las más pillas.
Besos de chocolate para los que van delante.
Tito.
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